Unas veces llega sin más, otras se la ve venir, y no sabría decir qué es peor. Hablo de la muerte, como el nombre de esta entrada indica.
Por circunstancias el cuerpo me pide escribir esto. Porque cuando alguien se marcha, deja un vacío, que se nos hace más grande o menos según el cariño, el roce, la costumbre que tuvieses con esa persona. Y te acuerdas de otras personas que se marcharon, y de la sacudida que te pegó al alma su pérdida. ¿Se supera realmente la muerte de un ser querido? ¿Qué es exactamente superarlo? Yo creo que no, simplemente nos acostumbramos a que ya no están, pero indudablemente permanecen en nuestros pensamientos diarios. Creo que simplemente dejamos de verlos, pero siguen con nosotros, pues a veces los recordamos de repente, y creo que están con nosotros aunque no los veamos y cuando nos acordamos de repente en realidad están ahí y por eso los sentimos.
De alguna forma creo que la muerte es crecimiento, ya que supone finalizar y a la vez iniciar capítulos de nuestra vida, y te hace pensar que tal vez no merece la pena preocuparse tanto por ciertas cosas y tratar de vivir sin pensar nada más que en disfrutar cada segundo, como haciamos en los recuerdos que tenemos con esa persona que nos ha dejado, fijandonos en lo que nos une y no tanto en lo que nos diferencia.
Como dijo Keanu Reeves, nadie sabe qué nos pasa después de la muerte, la única certeza es que las personas que nos quieren se quedan tristes. Gracias por leer.
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